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lunes, 9 de diciembre de 2013

7 importantes enfermedades relacionadas con la hiperuricemia

12:11

Numerosas enfermedades han sido relacionadas por los especialistas con el ácido úrico a través de diferentes estudios epidemiológicos, sin embargo, en ninguno de estos estudios se han llegado a encontrar evidencias suficientes de esta relación. Las enfermedades en las que se han encontrado una mayor relación son la hipertensión, el síndrome metabólico, la enfermedad coronaria, la enfermedad cardiovascular, la demencia vascular, la preeclampsia y la enfermedad renal. Normalmente no son reconocidas ni tratadas de forma conjunta con la hiperuricemia, sin embargo, conocer las relaciones entre estas enfermedades puede ayudar a mejorar los tratamientos indicados para cada una de ellas ya que puede alterar el diagnóstico, limitar las opciones terapéuticas y contribuir a resultados clínicos adversos a largo plazo en el caso de no tenerlas en cuenta.


Existen estudios tanto a favor como en contra de las relaciones que veremos a continuación. Algunos estudios sugieren que el ácido úrico puede ser un factor de riesgo independiente de enfermedad cardiovascular y renal, mientras que otros han comprobado que la hiperuricemia predice la aparición de hipertensión, obesidad, nefropatía y diabetes. Incluso, existen estudios que postulan los beneficios del ácido úrico en las personas con enfermedad cardiovascular debido a sus funciones antioxidantes en el cuerpo.

Muchos informes sostienen que la hiperuricemia debe ser una causa tanto directa como indirecta de enfermedad renal y enfermedad cardiovascular. Por ejemplo, Yu y col. informaron que la enfermedad renal se desarrolla en el 40% de los pacientes con gota pero ellos sostienen que es probable que el ácido úrico no fuera la causa de la enfermedad ya que la hipertensión—que es una causa más posible de enfermedad renal— también se desarrolló en la mayoría de los pacientes. Otra fuente, la Encuesta de Nacional sobre Salud y Nutrición de Estados Unidos, señala que el 74% de los pacientes con gota tienen hipertensión. A esta relación entre ambas enfermedades, se une el hecho de que la mayoría de los medicamentos anti-hipertensivos incrementan los niveles de ácido úrico, contribuyendo a aumentar el riesgo de sufrir gota.

Otros informes, en cambio, no encuentra relación entre el ácido úrico y estas enfermedades, por ejemplo el  Framingham Heart Study, que informó que el ácido úrico no es un factor de riesgo causante de cuadros cardiovasculares porque no era independiente de la hipertensión. Sin embargo, si el ácido úrico causa hipertensión, y la hipertensión causa enfermedad renal y cardiopatía, entonces el ácido úrico podría no ser independiente de la hipertensión cuando es evaluado como factor de riesgo de enfermedad renal o cardíaca.

Vamos a intentar resumir a continuación esta diversidad de estudios y conclusiones.

Ácido úrico y enfermedad cardiovascular

Una de las dificultades existentes para determinar la relación con los factores de riesgos cardiovasculares es que éstos suelen acompañar en numerosas ocasiones a la enfermedad de la hiperuricemia. De esta manera, es difícil identificar si son causa o consecuencia.

Las afecciones cardiovasculares y factores de riesgo asociados con la hiperuricemia son los siguientes:
  • Hipertensión y prehipertensión
  • Enfermedad renal (incluyendo la disminución del filtrado glomerular y la microalbuminuria)
  • Síndrome metabólico (incluyendo obesidad abdominal, hipertrigliceridemia, nivel bajo de colesterol HDL, resistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, leptina elevada)
  • Apnea obstructiva del sueño
  • Enfermedad vascular (carótida, vasos periféricos, coronarias)
  • Accidente cerebrovascular y demencia vascular
  • Preeclampsia
  • Marcadores de inflamación (proteína reactiva C, inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1, molécula de adhesión intercelular soluble tipo 1)
  • Disfunción endotelial
  • Estrés oxidativo
  • Sexo y raza (mujeres posmenopáusicas, raza negra)
  • Demográficos (migraciones desde zonas rurales a comunidades urbanas, occidentalización, inmigración a culturas occidentales)

Las asociaciones entre todas estas enfermedades son múltiples, por ejemplo, existe una relación evidente entre el uso de algunos diuréticos utilizados para la hipertensión y el incremente del ácido úrico, de ahí la dificultad de tratar la hipertensión en pacientes con problemas de gota.  Otros estudios han obtenido evidencia de que la hiperuricemia pueda predecir el desarrollo de hipertensión.

También hay numerosos estudios que apuntan a que, la hiperuricemia en pacientes con enfermedad cardiovascular es consecuencia de la presencia común de factores como la filtración glomerular reducida, la hiperinsulinemia, la vasoconstricción renal o el uso de diuréticos (todos los cuales reducen la excreción renal de ácido úrico) o del uso de alcohol, la isquemia tisular o el estrés oxidativo (el cual puede aumentar la generación de ácido úrico).

En lo que sí están de acuerdo todos los observadores es en el aumento mundial de la hipertensión y la hiperuricemia relacionado con la mayor prevalencia de la obesidad. Uno de los factores causantes a los que se apunta es al aumento, en los últimos 200 años, de la ingesta de fructosa a través de las bebidas azucaradas, la cual se correlaciona temporalmente con el aumento de la hipertensión y la obesidad. Entre los azúcares, la fructosa es la única que causa depleción rápida del ATP y aumenta tanto la generación como la liberación de ácido úrico. Los resultados experimentales avalan la relación entre la ingesta de fructosa, la hiperuricemia y la hipertensión. Los estudios epidemiológicos también han relacionado a la ingesta de fructosa con el mayor riesgo de hiperuricemia y el síndrome metabólico.

Ácido úrico, síndrome metabólico y diabetes

El síndrome metabólico es un grupo de cuadros que indican el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiaca y diabetes tipo 2. Estos cuadros son:
  • Hipertensión arterial
  • Aumento de los niveles de azúcar
  • Niveles sanguíneos elevados de triglicéridos, un tipo de grasas
  • Bajos niveles sanguíneos de HDL, el colesterol bueno
  • Exceso de grasa alrededor de la cintura
No todos los médicos están de acuerdo con la definición o la causa del síndrome metabólico. La causa parece ser la resistencia a la insulina. La insulina es una hormona que produce el cuerpo para ayudar a convertir el azúcar proveniente de los alimentos en energía para el organismo. Si una persona tiene resistencia a la insulina, se acumula un exceso de azúcar en la sangre, preparando el escenario para la aparición de la enfermedad.

Cada vez hay más evidencia de que el ácido úrico también debería de incluirse en los cuadros indicadores del síndrome metabólico, dado que la insulina reduce la excreción renal de ácido úrico. Sin embargo, la hiperuricemia suele preceder al desarrollo de la hiperinsulinemia, la obesidad y la diabetes. También puede estar presente en el síndrome metabólico en personas sin sobrepeso u obesidad.


La evidencia más importante ha surgido de estudios en animales en los que la disminución de los niveles de ácido úrico puede prevenir o revertir los cuadros del síndrome metabólico.

Ácido úrico y enfermedad renal crónica


Hay trabajos experimentales y clínicos que avalan la posibilidad de que la hiperuricemia por sí misma puede conducir a la enfermedad renal, incluso sin que haya depósito de cristales de ácido úrico.

Los resultados de estudios recientes muestran que el descenso del ácido úrico puede retardar la progresión de la enfermedad renal, en especial en hiperuricémicos. Siu y col. sostienen que el tratamiento de la hiperuricemia asintomática en pacientes con nefropatía leve retardó la progresión de la enfermedad. Otras investigaciones demostraron que el tratamiento de la hiperuricemia asintomática mejoró la función renal como así como que, la suspensión del tratamiento con alopurinol de un grupo de pacientes con nefropatía crónica, empeoró su hipertensión y aceleró la disfunción renal.

Otras enfermedades relacionadas con la hiperuricemia

Otras enfermedades relacionadas con la hiperuricemia son la vasculopatía periférica y carotídea y cardiopatía isquémica coronaria, con desarrollo de accidente cerebrovascular, preeclampsia y demencia vascular. La relación entre el ácido úrico y los cuadros cardiovasculares es particularmente estrecha en pacientes con riesgo elevado de enfermedad cardíaca y en las mujeres.

Conclusiones


Existen muchas limitaciones y dudas relacionadas con los estudios recientes al considerar la participación causal del ácido úrico en la enfermedad cardiovascular. Primero, la mayoría de los trabajos clínicos son pequeños y examinaron una población altamente definida. Por ejemplo, no se sabe si el descenso de los niveles de ácido úrico mediante la administración de alopurinol será también efectivo en personas con hipertensión más grave que aquellas que las participaron en los estudios citados. Tampoco se sabe si el efecto beneficioso del alopurinol observado en los estudios completados se debe a la reducción del ácido úrico o a la reducción de los oxidantes asociados a la xantina oxidasa.

Aunque los estudios experimentales comprobaron que el descenso del ácido úrico es beneficioso, la mejoría de la función endotelial observada en pacientes con hiperuricemia e insuficiencia cardíaca o diabetes se produjo en los pacientes que recibían alopurinol pero no en los tratados con otros fármacos también diseñados para disminuir los niveles del ácido úrico. Una explicación posible, dicen los autores, es que los inhibidores de la xantina oxidasa son más efectivos que otros agentes para disminuir los niveles intracelulares de ácido úrico, y en consecuencia, tuvieron mayor influencia en la regulación intracelular de la actividad vascular endotelial. Por otra parte, el ácido úrico puede ser más que un marcador y el beneficio del alopurinol puede ser el resultado de su capacidad para bloquear los oxidantes asociados con la xantina oxidasa.

El ácido úrico también puede actuar como antioxidante. Se ha sugerido que los efectos antioxidantes del ácido úrico son protectores en varias enfermedades neurológicas, entre ellas, la esclerosis múltiples y la enfermedad de Parkinson. Por otra parte, el ácido úrico también puede tener acción pro-oxidante, ya sea generando radicales durante su degradación o por estimulación de la NADPH (Nicotinamida-Adenina Dinucleótido fosfato) oxidasa. El ácido úrico también puede estimular la inmunidad innata a través de los efectos del ácido úrico microcristalino sobre la función de las células dendríticas y las células T. El papel que se atribuye a las células T en la patogénesis de la hipertensión sensible al sodio podría explicar que el ácido úrico pueda tener una variedad de acciones no definidas por completo en la enfermedad cardiovascular.


Hasta el momento no hay datos suficientes para recomendar el tratamiento de la hiperuricemia asintomática, es decir aquella que no presenta síntomas como la gota, en pacientes con otras enfermedades cardiovasculares, renales o con síndrome metabólico. Los datos revisados en este artículo son la base de un hipótesis que todavía requiere ser comprobada.

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