Reducción del riesgo de gota durante su tratamiento: estudio

domingo 15 de enero de 2012

imageComo ya hemos comentado en otros artículos de este blog, el inicio de un tratamiento de hiperuricemia puede desencadenar un ataque de gota durante los primeros días de medicación. Un medicamento podría ayudar en este tipo de situaciones.

Los resultados preliminares sugieren que un fármaco utilizado para tratar otras enfermedades también podría reducir los dolorosos ataques de gota durante el inicio de un tratamiento de reducción de los niveles de ácido úrico.

En un estudio reciente, el fármaco inhibidor de la proteína Rilonacept (Arcalyst) pareció reducir notablemente el riesgo de ataque de gota durante los primeros meses de tratamientos destinados a reducir los niveles de ácido úrico.

Los tratamientos actuales para reducir el ácido úrico, si bien son efectivos en el largo plazo, en el corto plazo pueden aumentar el riesgo de padecer un ataque de gota, ya que durante su actuación liberan los depósitos de cristales de ácido úrico pudiendo provocar inflamación.

"Para reducir los depósitos de cristales en las articulaciones, se aconseja a los pacientes iniciar el tratamiento con medicamentos que reduzcan los niveles de ácido úrico en la sangre", dijo el autor del estudio Dr. H. Ralph Schumacher, Jr., profesor de medicina en la Universidad de Pennsylvania Facultad de Medicina, en un comunicado de prensa de la revista Arthritis & Rheumatism .

Según este comunicado, la gota, una forma debilitante y dolorosa de artritis inflamatoria, afecta actualmente a más de 8,3 millones de estadounidenses. Los brotes se acompañan de una serie de síntomas, dolor insoportable, enrojecimiento, hinchazón y calor, que pueden durar días o semanas.

El estudio

Los investigadores querían averiguar si Rilonacept podría disminuir este riesgo a corto plazo al neutralizar una proteína específica - Interleucina 1 o IL-1 – justo antes del inicio de la inflamación. Para ello, analizaron a 83 pacientes en 27 centros de EE.UU., con antecedentes de ataques de gota y niveles altos de ácido úrico. Todos ellos fueron puestos a tratamiento a largo plazo con alopurinol. Alrededor de la mitad se les dio una primera dosis doble de Rilonacept (320 miligramos), seguido de una dosis única de 16 semanas. La otra mitad recibió píldoras de azúcar.

Resultados del estudio

Los resultados del estudio mostraron que los pacientes tratados con Rilonacept fueron menos propensos a tener ataques de gota con respecto a aquellos que no fueron tratados con Rilonacept. En concreto, en el grupo de los tratados con Rilonacept, el 15% sufrió un ataque de gota, mientras que en el grupo de los “no Rilonacept”, este porcentaje ascendió al 45%.

Conclusiones del estudio

“Medicamentos, bien tolerados, que reduzcan el riesgo de inflamación cuando se inicia un terapia de reducción del ácido úrico podrían ayudar a los pacientes a mantener tratamientos prolongados para controlar la gota”, dijo el doctor Shumacher en el comunicado.

“Este ensayo provee evidencias de que el bloqueador IL-1 es efectivo para prevenir ataques de gota en estos escenarios”, añadió. “Rilonacept parece ser seguro y bien tolerado y podría asegurar la continuidad de una terapia a largo plazo de reducción del ácido úrico”.

El Dr. Michael A. Becker, profesor emérito de medicina en la Universidad de Chicago, describió los hallazgos como "muy prometedores". Sin embargo, advirtió que el alto coste de Rilonacept puede limitar su uso.

"Se trata de un medicamento muy costoso, lo que seguro que será un problema. Así que creo que se tendrá que justificar su uso con cuidado y definir el universo de pacientes que tienen probabilidades de ser tratados con ella", añadió.

"Sin embargo, hay un muchos pacientes que no disponen de una alternativa menos costosa, como los medicamentos anti-inflamatorios no esteroideos, ya que su función renal o problemas de úlcera les impiden su utilización", señaló Becker. "Así que para esta población de pacientes que no toleran los medicamentos más baratos, Rilonacept puede ser una indicación necesaria."

Fuente:

  • Revista Arthritis & Rheumatism del 5 de junio de 2012.

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