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miércoles, 10 de febrero de 2010

Tratamiento de la gota

Sociedad Española de Reumatología Reproducimos a continuación el contenido de un folleto informativo de la Sociedad Española de Reumatología (SER) sobre la gota.

 

La gota es una enfermedad con un tratamiento muy eficaz. Debe enfocarse como dos problemas independientes:

  • Hay que tratar los ataques y una vez pasados hay que evitar que recurran.
  • Hay que reducir el ácido úrico de la sangre para que no se formen más cristales de urato en las articulaciones, y para que los existentes se vayan disolviendo.

Cuando los cristales se disuelven por completo, la gota cura, aunque debe mantenerse bajo el ácido úrico para que no se formen nuevos cristales, y con ellos vuelva la inflamación de articulaciones.

Tratar los ataques de gota

Los ataques de gota suelen ser muy dolorosos y precisan medicación. El reposo es necesario mientras se espera la atención médica, y analgésicos comunes como el paracetamol, pueden aliviar algo el dolor. Los antiinflamatorios no esteroides suelen reducir rápidamente la inflamación articular, y son prescritos habitualmente en ese contexto. Aunque tomar dosis repetidas de colchicina es un remedio clásico, frecuentemente produce diarrea antes de que el ataque de gota haya cedido, y por ello este tratamiento está siendo relegado. Cuando por ingerir anticoagulantes, o padecer otras alteraciones se desaconseje el uso de antiinflamatorios, los médicos deberán decidir entre las alternativas existentes.

Evitar nuevos ataques

Cuando un ataque de gota cesa, los cristales de urato quedan en la articulación; una vez acabado el tratamiento, un nuevo ataque puede aparecer en cualquier momento. Si el médico lo estima oportuno, la prescripción de pequeñas dosis de colchicina para tomar regularmente suele evitar ataques recurrentes y suele estar exenta de problemas.

Reducir el ácido úrico en sangre. El tratamiento de la hiperuricemia

La importancia de la dieta se refleja en la gran frecuencia con la que padecen gota algunas poblaciones aborígenes –sobre todo del Pacífico– tras haber adquirido hábitos dietéticos occidentales –con alto contenido en alcohol, y calorías que determinan la aparición de obesidad–. Entre musulmanes practicantes, la gota es rara por su abstención de alcohol. Estudios controlados han demostrado también esta relación. Esta es la base de recomendar abstinencia del alcohol –particularmente de la cerveza, que además contiene purinas que se pueden metabolizar en ácido úrico– y dieta de calorías adecuadas. Cuando un obeso con hiperuricemia reduce su peso al deseable –y si deja de beber alcohol– su nivel de ácido úrico puede normalizarse. Sobre todo –pero no solo– en este grupo de obesos con hiperuricemia, además hay altos niveles de lípidos (colesterol y triglicéridos) en sangre, mayor frecuencia de hipertensión, y mayor riesgo de enfermedad coronaria. Las ventajas de adelgazar y restringir el alcohol son pues múltiples.

Esencialmente dos fármacos reducen los niveles de ácido úrico: el alopurinol, que disminuye la cantidad de ácido úrico que se forma, y los llamados uricosúricos, que mejoran la eliminación renal de ácido úrico. La reducción del ácido úrico no impide que continúen los ataques de gota, ya que estos pueden seguir mientras persistan cristales de ácido úrico en la articulación (puede haber ataques de gota con ácido úrico muy bajo en sangre). Pero los ataques cesan por completo una vez que todos los cristales de ácido úrico se han disuelto. Y esto requiere un tiempo prolongado de tratamiento con fármacos que reducen el ácido úrico (variable de persona a persona, pero generalmente más de un año).

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