Las manifestaciones clínicas de la gota dependen de la fase en que se encuentre la enfermedad y pueden dividirse en cuatro estadios generalmente consecutivos: hiperuricemia asintomática, artritis gotosa aguda, gota intercrítica y gota crónica tofácea.
1. Hiperuricemia asintomática
El ácido úrico está elevado, pero aún no se aprecian síntomas clínicos, es decir no se ha sufrido ningún ataque de gota.
2. Artritis gotosa aguda
En esta fase aparecen inflamación monoarticular (en una sola articulación) y dolor asociado. El inicio suele ser brusco y generalmente nocturno, cediendo en unos 5-10 días. Los factores desencadenantes son muy variados, podrían citarse una comida abundante rica en purinas, la ingestión de alcohol, la presencia de infecciones, traumatismos, estrés o la administración de algún fármaco, entre otros. Como localización típica de los cristales de urato cabe citar las articulaciones de los miembros inferiores como, por ejemplo, la articulación metatarsofalángica del dedo gordo del pie.
Con menor frecuencia la deposición puede aparecer en tobillos y rodillas. En algunos pacientes, el ataque agudo de gota se acompaña de manifestaciones sistémicas como fiebre, leucocitosis y elevación de sedimentación eritrocitaria.
3. Gota intercrítica
Periodo asintomático (sin ataques de gota) comprendido entre el ataque agudo inicial y los ataques posteriores, que coexiste con un estado apreciable de hiperuricemia, es decir, valores séricos de ácido úrico muy elevados (>7 mg/dl). El fluido sinovial suele presentar cristales de ácido úrico. En la mayoría de los pacientes estos intervalos duran entre 6 meses y 2 años. Si no se recibe un tratamiento adecuado, estos periodos son cada vez más cortos, y los ataques siguientes, más severos y particulares.
4. Gota crónica tofácea
Aparece en pacientes no tratados y se caracteriza por la presencia de precipitados de urato monosódico rodeados de una reacción granulomatosa, detectables clínicamente como tofos en cartílagos, tendones, tejidos blandos y, en particular, en el pabellón auricular, originando deformaciones, daño e incapacitación articular junto con dolor crónico y persistente. Los tofos más superficiales pueden fistulizarse al exterior, mostrando un material blanco compuesto por cristales de urato monosódico.
Se presentan como nódulos cubiertos por piel normal, eritematosa o amarillenta, correspondiente a los depósitos cristalinos que se transparentan. Inicialmente a la palpación son blandos pero durante su evolución pueden indurarse o ulcerarse con la eliminación de una sustancia yesosa o un material claro con hojuelas blanquecinas de ácido úrico. Hay
formas inusuales de la enfermedad que pueden manifestarse con ampollas. Pueden ser solitarios o múltiples y su tamaño es variable entre 1 a 3 cm, a veces bilobulados y desplazables sobre planos profundos.
Los tofos son una manifestación tardía de la gota y se pueden desarrollar hasta 10 años después del inicio de la gota.
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